Chunk Cookies nació en un momento difícil. Nuestro negocio principal atravesaba un declive y, durante aproximadamente seis meses, los números estuvieron apretados. Con el tiempo logramos superar esa etapa, pero fue entonces cuando comenzó una idea que cambiaría nuestra vida.
Por las noches, mi familia y yo solíamos reunirnos a tomar café. Pedíamos galletas por Uber Eats, aunque ninguna terminaba de gustarnos. Una noche me pregunté si podríamos hacer una que de verdad nos entusiasmara. Empecé a revisar las ventas y el mercado de las cookies estilo Nueva York en México y Estados Unidos. Pensamos que podían convertirse en otra fuente de ingresos, así que comenzamos a probar masas y recetas en casa.
Hubo muchos intentos antes de llegar a una galleta que nos pareciera digna de venderse. Pero para mí, una buena receta era solo el comienzo. Siempre me han gustado las masas, los autos y el arte. Me fascina el cuidado con que cada detalle de los autos clásicos europeos forma parte de la experiencia. Quería llevar esa misma intención a Chunk: que quien abriera la caja sintiera el cariño y el trabajo que había detrás de cada galleta.
Los colores de la marca nacieron de esa inspiración. El verde, el dorado y el caramelo evocan los autos clásicos europeos que tanto admiro. A ellos se sumó nuestro gusto por el chocolate mexicano, con su carácter intenso. De esa mezcla nació nuestra Choco Chip y empezó a tomar forma la identidad de Chunk Cookies.
Comenzamos a vender únicamente por Uber Eats y horneábamos en casa. Primero usamos un horno de gas; después compramos uno de convección doméstico. Las galletas eran tan grandes que apenas podíamos hornear tres a la vez. Además, al horno le costaba alcanzar y mantener la temperatura, sobre todo cuando hacía frío, y no siempre conseguíamos el resultado que buscábamos.
La primera batidora tampoco resistió: se quemó durante la primera producción. Compramos otra, semiprofesional, y con ella pudimos seguir. Así pasamos más de un año preparando pedidos desde nuestro departamento, aprendiendo con cada hornada mientras más personas seguían eligiendo nuestras galletas.
Llegó un momento en que el departamento ya no daba abasto. Rentamos un local, incorporamos una batidora industrial de 60 kilos y cambiamos el horno para poder preparar entre 18 y 24 galletas por hornada. Fue un gran paso para un proyecto que había empezado con una batidora que no sobrevivió al primer día.
Hoy seguimos trabajando en el local, mejorando cada día. Las cajas también han recorrido su propio camino: de un empaque sencillo pasaron a llevar frases escritas a su alrededor, y cada galleta sale con una notita. Son detalles pequeños, pero expresan lo que queríamos desde el principio: que Chunk fuera una experiencia que comenzara antes del primer bocado.
Esta es nuestra historia hasta ahora. Empezó con café en familia, una cocina llena de pruebas y la convicción de que podíamos hacer algo especial.